Pero más, más ternura trae la caricia. Lentas, las manos se demoran, vuelven, también contemplan.
Podríais enterrarme en la voz de cualquier niño si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.
Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad.
Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida, que es como un ángel expulsado perpetuamente.
Porque nada he deseado aparte de tu amor nunca perdí mi tierra que me invento contigo.
Quien es capaz de hospedar bien a la desgracia, puede hospedar serenamente a la felicidad.
Si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada y preciada es la mujer buena.
Sus caricias son sueños, entreabren la muerte, son lunas accesibles, son la vida más alta.
Tantas veces que juntaste fuego para mí, para mis huesos. Pero yo era leña verde.
Te regalo un otoño, un día entre abril y junio, un rayo de ilusiones, un corazón al desnudo.