A menudo los labios más urgentes no tienen prisa dos besos después.
Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.
Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, aunque muera el verano y tenga prisa el invierno la primavera sabe que la espero en Madrid.
De ti depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer noche, hoy por la mañana.
El amor es una epidemia que se acaba con el tiempo
El amor es una epidemia que se acaba con el tiempo.
Era tan pobre que no tenía más que dinero.
Está bien tener sombrero por si se presenta una buena ocasión para quitárselo.
La buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama. Hoy tienes una ocasión de demostrar que eres una mujer además de una dama.
La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura. Donde no suele cobijarse nunca es en el verbo de los subsecretarios, de los comerciantes o de los lechuginos de televisión.
Las musas no cobran derechos de autor.
Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Lo peor de la pasión es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.
Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor.
Los vicios de sexo no son vicios.
Me considero un rojo sin diminutivos. No soy un rojillo, soy un rojo, un rojazo. Y eso no quiere decir comunista, ni socialista, ni anarquista, quiere representar esa hermosísima ideología de hace unos años, que hacía creer que esta infamia de mundo podía cambiar de alguna manera.
Ni yo mato por celos ni tú mueres por mí.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió.
Nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer.
Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio será: no estoy de acuerdo.
Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia en la que nos hayamos presos.
Qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad.
Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.
¿Te has parado alguna vez a ver los colores que estallan en Madrid cuando, al salir del metro en una tarde otoñal, el sol se va?.