El hombre que se mantiene en el justo medio lleva el nombre de sobrio y moderado.
En lo que parecemos, todos tenemos un juez; en lo que somos, nadie nos juzga.
Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.
Hablar con mucha cortesía a veces conquista y otras empalaga.
La armonía de las armas no depende del parentesco de los cuerpos.
La diversión es como un seguro, cuanto más viejo eres más te cuesta.
La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo.
La sociedad es un manicomio cuyos guardianes son los funcionarios de policía.
No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas.
No se puede tener otra tarea en cuanto a la vida que la de conservarla hasta morir.
Quien vive entre los deleites y los vicios ha de expiarlos luego con la humillación y la miseria.
Si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza.