Hay una puerta por la que pueden entrar la buena o la mala fortuna, pero tú tienes la llave.
Amame como quiere su ambrosía en el jardín la flor; como ama de su voz la melodía festivo ruiseñor.
Amo tu boca, floración de otoño, que mece en mi jardín de primavera su veleidosa tentación de llama.