La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
La violencia es miedo a las ideas de los demás y poca fe en las propias.
Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.
Las grandes mentes tienen objetivos, las demás deseos.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
Las pequeñeces no son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve.
Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás.
Libertad es poder decir sí o no; lo hago o no lo hago, digan lo que digan mis jefes o los demás; esto me conviene y lo quiero, aquello no me conviene y por tanto no lo quiero. Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar, como podrás comprender.
Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.
Llevé la fotografía como un pato al agua. Nunca deseé hacer todo lo demás. El entusiasmo sobre el tema es el voltaje que me empuja sobre la montaña de la servidumbre necesaria para producir la fotografía final.
Llevo dentro de mí un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás.
Lo importante: no hacerle la vida imposible a los demás.
Lo malo es que las máximas se escriben para los demás y raramente para sí mismo.
Lo que cuesta mirar, y sin embargo no me perdonaría ignorar tus ademanes.
Lo que los demás rechazan de ti, cultívalo. Eso eres tú.
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse de lejos y no tomarse en serio. Después, el valor y la humildad, siempre que no sea ostentosa.
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio.
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.
Lo único bueno de equivocarse es la alegría que produce a los demás.
Los demás no te dejarán vivir como deseas, pero si eres lo suficientemente ágil y fuerte, al menos no deberás vivir como ellos desean.
Los demás siempre nos parecen más felices que nosotros, y sin embargo lo extraño es que el hombre que cambiaría con gusto su posición no consentiría casi nunca en cambiar su persona. Acaso quisiera rejuvenecer un poco, pero no demasiado todavía, y andar bien si es cojo; pero se conservaría el conjunto de su persona, en la que encuentra mil atractivos y no sé qué encanto.
Los dioses facilitan el primer verso; los demás, los hace el poeta.
Los hombre inteligentes quieren aprender. Los demás, enseñar.
Los hombre vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.
Los líderes se distinguen de los demás por su constante apetito de conocimientos y experiencias, y, a medida que su mundo se amplía y se vuelve más complejo, sus medios de comprensión también se multiplican y se refinan.