A la proporción, semejanza, unión e identidad del infinito no te acercas más siendo hombre que siendo hormiga.
Antes, ser adolescente era un momento de no identidad. Pero desde los sesenta la juventud es un grado. La corbata se convirtió en anatema; el sostén, en mordaza.
El hombre no se siente completo sólo con una familia, es el trabajo lo que nos da nuestra identidad.
La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos. Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan.
Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar.
Nos guste o no, somos seres con ego: tenemos una identidad que proteger y no queremos perder nuestra cordura.
Yo deseo llevar a cabo la fraternidad o identidad no sólo con los seres llamados humanos, sino que quiero llevar a cabo la identidad con toda la vida.