La popularidad es la gloria en calderilla.
La primera igualdad es la equidad.
La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano.
La solidaridad es la fuerza de la gente débil.
La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
La tolerancia es la mejor religión.
Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas.
Lo malo es que la generosidad también puede ser un buen negocio.
Lo que bien se piensa, bien se expresa.
Los amigos no son ni muchos ni pocos, sino los suficientes.
Los animales son de Dios. La bestialidad es humana.
Los cuarenta son la edad madura de la juventud. Los cincuenta la juventud de la edad madura.
Los ojos no pueden ver bien a Dios, sino a través de lágrimas.
Los poetas son gente impúdica.
Nada tan estúpido como vencer. La verdadera gloria está en convencer.
Ningún ejército puede detener la fuerza de una idea cuando llega a tiempo.
No existen paises pequeños. La grandeza de un pueblo no se mide por el número de sus habitantes, como no se mide por la estatura la grandeza de un hombre.
No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores.
No olvidemos jamás que lo bueno no se alcanza nunca sino por medio de lo mejor.
No son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran al mundo.
Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras que el género humano no escucha.
Quejarse es el pasatiempo de los incapaces.
Quien me insulta siempre, no me ofende jamás.
Ser bueno es fácil; lo difícil es ser justo.
Ser discutido, es ser percibido.