Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.
Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.
Los hombres son fantasiosos siempre quieren lo que está prohibido: la libertad, por ejemplo.
Los mayores momentos de la vida vienen por sí solos. No tiene sentido esperarlos.
Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.