El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias son hijas del hombre.
En la mayoría de los hombres, las dificultades son hijas de la pereza.
Nuestras virtudes son, a menudo, hijas bastardas de nuestros vicios.
Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos y las hijas de las ansias de vida que siente la misma vida.