No podría definirme como ateo, porque declararme ateo correspone a una certidumbre que no poseo.
No puedes hacer un acto amable demasiado pronto, porque nunca sabes cuándo será demasiado tarde.
No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.
No quiero pensar porque no quiero que el dolor del corazón se una al dolor del pensamiento.
No se deberían poner caras largas, aunque sólo fuera para no tener más superficie que afeitar.