Hay gente que cree que el único equipo que se necesita para discutir de religión, es una boca.
Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga.
Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas.
Hay que atender no sólo a lo que cada cual dice, sino a lo que siente y al motivo porque lo siente.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.