Tal es el sino de todo libro que se presta: con frecuencia se pierde, siempre se estropea.
Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado.
Todo deseo tiene un objeto y éste es siempre oscuro. No hay deseos inocentes.
Todos llevan consigo, hasta el fin, viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
Torciendo mi camino avanzo al horizonte de platino, desnuda hasta del propio pensamiento.