Máxima admirable: no hablar de las cosas hasta después de que estén hechas.
Me gusta la gente que se niega a hablar hasta que está preparada para hablar.
Mi cazador de libélulas, ¿hasta donde se me habría extraviado hoy?.
Mi educación fue muy buena hasta que el colegio me la interrumpió.
Mi río con tu río, mi mano con tu mano se ignoran. Cariño mío, alegría hasta que el alba alcance a la siguiente.
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
Nada debe turbar la ecuanimidad del ánimo; hasta nuestra pasión, hasta nuestros arrebatos deben ser medidos y ponderados.
Nada es real hasta que se experimenta; aun un proverbio no lo es hasta que la vida no lo haya ilustrado.
Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos.
Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Nadie se alabe, hasta que acabe.
Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.
No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.
No decidas hasta haber oído a ambos.
No descanses hasta que no puedas más.
No es bueno que los hombres sepan hasta que punto somos buenos.
No hables mal del puente hasta haber cruzado el río.
No hables, en manera alguna, hasta que tengas algo que decir.
No hagas de tu sueño algo perdido: nunca sabrás lo que vale hasta que lo veas dando frutos en la realidad.
No hay paraíso hasta que se ha perdido.
No hay venganza más bella que aquella que infringen los otros a tu enemigo. Tiene hasta la virtud de dejarte la parte del generoso.
No llames jamás feliz a un mortal hasta que no hayas visto cómo, en su último día, desciende a la tumba.
No lloréis, bichos, que hasta los astros sufren desengaños.