Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.
Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos debe vaciar de nosotros mismos.
Poco me satisface aquella ciencia que no ha sabido hacer virtuosos a quienes la profesaron.
Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida, que es como un ángel expulsado perpetuamente.
Porque nada he deseado aparte de tu amor nunca perdí mi tierra que me invento contigo.