Cualquiera puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla.
Cuán duro, cuán amargo es llegar a ser hombre.
Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud.
Cuando dios se hizo hombre, ya el diablo se había hecho mujer.
Cuando dirijo, hago de padre; cuando escribo, hago de hombre; cuando actúo, hago el idiota.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de dios.
Cuando el dinero habla, la verdad calla.
Cuando el hombre es celoso, molesta; cuando no lo es, irrita.
Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada.
Cuando el hombre pone la planta en el suelo, pisa siempre cien senderos.
Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos.
Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.
Cuando el hombre ya no encuentra placer en su trabajo y trabaja sólo por alcanzar sus placeres lo antes posible, entonces sólo será casualidad que no se convierta en delincuente.
Cuando en un país reina el orden, es una vergüenza ser hombre pobre y común. Cuando en un país reina el caos, es una vergüenza ser rico y funcionario.
Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo.
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre.
Cuando leo que se asesinó a un hombre quisiera ser analfabeto.
Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él.
Cuando pienso que un hombre juzga a otro, siento un gran estremecimiento.
Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.
Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto.
Cuando sonrió el hombre, el mundo lo amó. Cuando rió, le tuvo miedo.
Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
Cuando un hombre de letras alemán deseaba antiguamente dominar a su nación, le bastaba con hacerle creer que había alguien dispuesto a dominarla. Al punto quedaban todos tan intimidados que se dejaban dominar con gusto por quien fuese.