El no esperar remedio, ni desesperar de él, suele ser el remedio de los casos desesperados.
El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.
Este silencio, blanco, ilimitado, este silencio del mar tranquilo, inmóvil.
La eternidad ignora las costumbres, le da lo mismo rojo que azul tierno, se inclina al gris, al humo, a la ceniza.
La lengua disimula y encubre los designios.
La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.
Los años no vienen solos, pero si pueden venir vacíos.
Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo.
No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir.
Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad.
Por ti no pasa nunca el tiempo.
Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.
Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba.
Y yo ciego de mí te acepto a ciegas del esplendor terrible de tu llama tan frágil y menuda entre mis brazos.