La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios.
Llamar a las mujeres el sexo débil es una calumnia; es la injusticia del hombre hacia la mujer.
Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
Lo mismo que un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres.
Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.
Los actos más simples de amabilidad son de lejos más poderosos que miles de cabezas inclinándose en una oración.
Los grilletes de oro son mucho peor que los de hierro.
Los medios impuros desembocan en fines impuros.
Los medios violentos nos darán una libertad violenta.
Mi arma mayor es la plegaria muda.
Mi sentimiento es que las naciones no pueden ser realmente una y que sus actividades no podrían llevar al bien común de la humanidad entera, a menos que se reconociera la ley familiar (de amor) en los asuntos nacionales e internacionales. Es decir, en el orden pacífico. Las naciones no pueden llamarse civilizadas sino en la medida que obedezcan a esta ley.
Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.
No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias.
No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores.
No escuches a los amigos cuando el amigo interior dice: ¡Haz esto!
No habrá nada que te pueda asustar si te niegas a tener miedo.
No hay camino para la paz, la paz es el camino.
No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.
No puedo concebir una mayor pérdida que la pérdida del respeto hacia uno mismo.
No puedo ver coraje ni sacrificio en la destrucción de la vida o la propiedad,ya sea como ofensa o defensa.
No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.
Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.
Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados.
Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.
Para una persona no violenta, todo el mundo es su familia.