Es necesario sembrar para el futuro.
Es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con desconfianza si se pretende asegurar el porvenir.
Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno.
Estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo.
Evitará muchas preocupaciones innecesarias si no quema sus puentes hasta haberlos pasado.
Evoluciones progresivas que crecen cada vez más, son la materia de la historia.
Fácil sería demostrar que desde las Cruzadas hasta los últimos conatos de revoluciones, la historia de Europa ha estado movida por utopías, por grandes imposibles. Y, sin embargo, de esos delirios ha salido la historia efectiva. Y más aún que como realidades, bien tristes si se las mira sin dejarse deslumbrar por su gloria, conmueve por lo que tienen de monumentos funerarios de las esperanzas europeas, de las concreciones que en forma de empresas ha tomado la esperanza europea. Son sus rastros, las huellas en la arena del tiempo de su anhelo. Son las cenizas de sus sueños.
Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento.
Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen.
Hay momentos en que el pueblo sintetiza en la acción los pasajes más significativos de su historia.
Hay peores cosas en la vida que en la muerte. Si has pasado una tarde con un vendedor de seguros sabes a lo que me refiero.
Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como lo que cualquiera alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga.
Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.
Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo.
La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, por que no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones. . .
La arquitectura es el testigo menos sobornable de la historia.
La aspiración democrática no es una simple fase reciente de la historia humana. Es la historia humana.
La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo.
La ciencia heredada de cien generaciones y el orgullo fruto de cuatro mil años de historia huyen como esclavos cogidos en falta ante la amenaza tempestuosa.
La ciudad se está desmoronando, no puede durar mucho más; su tiempo ha pasado. Es demasiado vieja. . .
La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición.
La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído la historia, es la virtud original del hombre. El progreso ha llegado por la desobediencia, por la desobediencia y la rebelión.
La dicha está constituida por esos huecos cerebrales sin historia.
La dificultad es una excusa que la historia nunca acepta.
La falsificación (de la historia) ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre.