A veces, la causa sigue al efecto: por ejemplo, cuando un médico va detrás del feretro de su paciente.
Consulté con mi almohada y me dijo: "Consulta con tu médico".
Cuando un médico va detrás del féretro de su paciente, a veces la causa sigue al efecto.
De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco.
El cielo cura y el médico cobra la minuta.
El enfermo necesita del medico, el médico no necesita del enfermo.
El enfermo quiere su vida, el médico quiere sus honorarios.
El mal de muerte no hay médico que lo acierte.
El médico que no entiende de almas no entenderá cuerpos.
El mejor médico es el que conoce la inutilidad de la mayor parte de las medicinas.
En cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad.
Eso, me dijo el jubilado, en el parquecito de Santa Fe frente a la Basílica de San Francisco, que a veces uno no desea morir -sólo a veces-.
La poca templanza del enfermo hace al médico ser cruel.
Médico sin ciencia, poca conciencia.
No puede el médico curar bien sin tener presente al enfermo.
No queda al enfermo esperanzas cuando el médico aconseja la intemperancia.
No quiere el enfermo médico elocuente, sino que le sane.
Todo lo que el médico yerra lo tapa la tierra.
Un médico cura, dos dudan, tres muerte segura.
Un médico puede enterrar sus errores pero un arquitecto apenas puede aconsejar a sus clientes que planten enredaderas.