Antes de postrarte en oración, lanza de ti cuando puede embarazar el vuelo de tu espíritu.
Debemos amar la oración. La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz de contener el don que dios nos hace de sí mismo.
El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
La alegría es oración, la señal de nuestra generosidad, de nuestro desprendimiento y de nuestra unión interior con dios.
La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración.
La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche.
La oración es comunicación directa con el mismísimo dios.
La oración es el encuentro de la sed de dios y de la sed del hombre.
Mi oración es así. Tú estás en todo y todo en mí.
Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.
Una buena acción es la mejor oración.