Al encender la luz las sombras de las muñecas una para cada una.
Como muñecas mecánicas se puede ver el mundo con ojos de porcelana y dormir año tras año, en una caja de terciopelo entre paletas y tul con el cuerpo relleno de paja se puede, a cada escandalosa caricia, sin ninguna razón gritar: Oh, que feliz soy!.
¡Las caras de las muñecas!. Aunque nunca lo pensé me he vuelto viejo.