El sentimentalismo de los ingleses es humorístico y tierno, el de los franceses, popular y llorón, el de los alemanes, ingenuo y realista.
Los ingleses de primer rango tenían orgullo, por desgracia los nuestros sólo tenían vanidad; ahí reside la gran diferencia que caracteriza a los dos pueblos.
Los ingleses inventaron la sobremesa para olvidar la comida.
Los ingleses nos cubrirán de vergüenza con su puro sentido común y su buena voluntad; los franceses, con su ingeniosa perspicacia y su sentido práctico.
Los ingleses tienen el milagroso poder de convertir el vino en agua.
Si se pudiera enseñar a hablar a los ingleses y a escuchar a los irlandeses, la sociedad sería civilizada.