Bendito sea el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras.
Busca en el hombre pobre las virtudes del rico (exquisitez, sentimientos delicados, sociabilidad, etc.) y en el rico las virtudes del pobre (seriedad, pragmatismo sencillo, bondad laboriosa, etc.).
Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Cada hombre debe tener derecho a elegir su destino.
Cada hombre deja sus huellas.
Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre.
Cada hombre tiene que inventar su camino.
Cada hombre tiene su precio.
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.
Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad.
Cada uno de nosotros está solo y, cuanto antes un hombre lo comprenda, mejor para él.
Cada vez que un hombre ríe, añade un par de días a su vida.
Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.
Casi todo político tiene tanta necesidad, en determinadas circunstancias, de un hombre honesto, que, cual si fuera un lobo hambriento, irrumpe en el redil; mas no para devorar el cordero robado, sino para ocultarse tras su lanoso lomo.
Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.
Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre.
Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
Como el camino terreno está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: la sonrisa, el sueño y la esperanza.
Como meta, la arquitectura debe proponernos la creación de relaciones nuevas entre el hombre, el espacio y la técnica.
Con frecuencia el hombre busca una diversión y encuentra una compañera.
Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
Con la civilización hemos pasado del problema del hombre de las cavernas al problema de las cavernas del hombre.
Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre.
Con un consejo y un duro, sale el hombre del apuro.
Conocer a un hombre y conocer lo que tiene dentro de la cabeza, son asuntos distintos.