Nunca es definitivo el éxito, ni perenne el fracaso.
Si la guerra es el fracaso de la diplomacia, entonces. . . La diplomacia, bilateral y multilateral, es nuestra primera línea de defensa. El mundo, hoy en día, gasta miles de millones preparándose para la guerra; ¿no deberíamos gastar uno o dos mil millones preparándonos para la paz?.
Sólo se aprende a través del fracaso, y lo que se aprende es la importancia de la previsión.
Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito.
Todos miden su éxito por el fracaso de los demás.
Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo.