Cantar con una bata guateada es una experiencia por la que todo director de cine debe pasar.
El mejor director es el que no puedes ver.
Mirá pibe. Si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo.
Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Ser director de cine en España es como ser torero en Japón.
Un director tiene que ser policía, comadrona, psicoanalista, adulador y bastardo.
Una vez me preguntaron: ¿Es importante que un director sepa escribir?, y yo respondí: no, pero sí es útil que sepa leer.