La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma que media entre el hombre y dios.
La única fe salvadora es la que se arroja así en Dios, para la vida y para la muerte.
Los astros rigen el destino de los hombres, pero Dios rige el destino de los astros.
Los niños son como Dios, llenos de ternura, paz y con el lenguaje universal del Amor.