El último cristiano murió en la cruz.
La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.