Dejaste tu sol en mi destino, tu ardor sin miedo, tu credo de amor y ese afán, ¡ay...!. ¡Tu afán, por sembrar de esperanza el camino!.
Mi único credo. La montaña del tesoro, las flores de seis pétalos de la nieve.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo pasa a ser mi universo, el credo que se nutre; la aromática lámpara que alzo estando ciego cuando junto a la sombras los deseos me ladran.