Cuerdo es aquel que puede fingir cordura.
El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra.
El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.
El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.
Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos.
La cordura es una mentira acogedora.
La cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse.
Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza.
No hay sabiduría sin prudencia. No hay filosofía sin cordura.
Pido pues a mi orgullo que siempre vaya del brazo con mi cordura. Y cuando me abandone mi cordura, pues le gusta alzar el vuelo, que mi orgullo vuele siquiera del brazo con mi locura.
Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.
Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse.