La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.
Le puedes poner una pistola cargada en la cabeza, pero si ella no quiere sexo, no lo tendrás.
Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
Los ojos son para mirar, las manos para coger, la cabeza para pensar y el corazón para amar.
No es filósofo quien teniendo una filosofía en la cabeza no la tiene además en el corazón.
No inclines nunca la cabeza, tenla siempre erguida. Mira al mundo directamente a la cara.