Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar.
Hay una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar.
Hay una gran iglesia para amar, y sólo existo para adorar entre columnas de besos un cuerpo que no es humo.
La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos.
La buena vida consiste en amar y hacerse amar suficiente.
La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz.
La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía.
La medida del amor es amar sin medida.
La mujer en el hogar es reina a la que hay que amar.
Lo que funda toda escritura es el amor, es hacer lo que amamos y amar lo que hacemos. Y olvidarse del dinero.
Los hombres se cansan más de dormir, cantar, bailar y amar que de hacer la guerra.
Los intolerantes no entendieron nada. Ellos decían guerra, yo decía "no gracias". A amar la patria bien nos exigieron, si ellos son la patria, yo soy extranjero.
Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan.
Los ojos son para mirar, las manos para coger, la cabeza para pensar y el corazón para amar.
Nadie puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro.
No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados.
No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.
No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar
No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar.
No ser nada y no amar nada, es lo mismo.
Nunca se tiene la libertad de amar o de dejar de amar.
Para amar a una persona y perdonárselo todo basta con contemplarla un rato en silencio. A veces vivimos durante muchos años al lado de otra persona y sólo vemos de verdad en el momento de sobrevenirle una desgracia.
Para comprender, me destruí. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada más al mismo tiempo falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de haberla comprendido.
Para gozar íntimamente y para amar se necesita soledad, más para salir airoso se precisa vivir en el mundo.