Al escribir proyectas un mundo a tu medida.
Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos.
De devociones absurdas y santos amargados, líbranos, Señor.
El patriotismo no es ditirambo sino crítica constructiva. Se descubren los errores para que no se repitan, se señalan los vivios para corregirlos y las llagas para curarlas. El patriotismo es en esencia amor admirativo y anhelo apasionado de superación.
El que honra a su madre amontona tesoros.
Es para mí una alegría oír sonar el reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de Dios.
Esta fuerza tiene el amor si es perfecto, que olvidamos nuestro contento por contentar a quien amamos.
Hay infinidad de cosas que se pueden percibir en la vida, pero sólo las realmente importantes llegan al corazón.
He cometido el peor de los pecados, quise ser feliz.
La tierra que no es labrada llevará abrojos y espinas aunque sea fértil; así es el entendimiento del hombre.
La verdad padece, pero no perece.
La vida es una mala noche en una mala posada.
Las mujeres no necesitan estudiar a los hombres, porque los adivinan.
Lee y conducirás, no leas y serás conducido.
Luego volvió a la puerta y allí permaneció mientras duró la lluvia, mirando cómo Dios aflojaba por un rato las tuercas de su tormento.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta.
Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.
Tengo experiencia en lo que son muchas mujeres juntas. ¡dios nos libre!.
Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía.
Vales tanto como tu última obra.
Vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte.
Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero.
¡Ay que larga es esta vida! / ¡qué duros estos destierros! / ¡esta cárcel, estos hierros / en que el alma está metida! / Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, / que me muero porque no muero.
Casi siempre me ocurre a mí con la gente lo que le ocurría a Jesús de Nazaret cuando llamaba a sus discípulos: que siempre estaban todos dormidos.