No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
Para el que cree no es necesaria ninguna explicación; para quien no cree, toda explicación sobra.
Si se llega a un punto determinado, ya no hay regreso posible. Hay que alcanzar ese punto.
Un hombre consecuente con su sistema de vida es ciertamente un espíritu estrecho.