Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
Si en los hombres no aparece el lado ridÃculo, es que no lo hemos buscado bien.
Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.
Si no tuviéramos defectos no sentirÃamos tanto placer descubriendo los de los demás.
Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendrÃamos medios suficientes.
Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos.
Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio.