La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
La gratitud de muchos no es más que la secreta esperanza de recibir beneficios nuevos y mayores.
La inteligencia no podrÃa representar mucho tiempo el papel del corazón.
La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
La vejez es un tirano que prohÃbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.
La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
Los ancianos gustan de darnos buenos preceptos para consolarse de no poder darnos malos ejemplos.