¡Felicidad!... ¡Felicidad!... Dulzura del labio y paz del alma... Te he buscado sin tregua, eternamente, en la hermosura, en el amor y el arte.
¡La felicidad! No existe palabra con más acepciones; cada uno la entiende a su manera.
¡una vida llena de felicidad! nadie podría soportarla, porque sería un infierno en la tierra.
¿Cómo no será absurdo que cuando uno es feliz no se reconozca con verdad la felicidad que posee por no querer declarar felices a los que viven, a causa de las mudanzas de las cosas y por entender la felicidad , mientras las vicisitudes de la fortuna giran incesantemente en torno de ellos?.
¿Cuál es la felicidad que no tiene algo de pena?
¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?
¿Por qué buscais la felicidad, oh, mortales, fuera de vosotros mismos?
¿Qué es la felicidad sino el desarrollo de nuestras facultades?