No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.
Pocas cosas resultan más satisfactorias que ver a nuestros hijos criar hijos adolescentes.
Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen.
Si quieres que tu familia te ame y te acepte, entonces debes amarlos y aceptarlos tú a ellos.
Si una madre publicara los silencios que ha guardado, se volverían santos los hijos al escucharlos.