Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara a otro ejemplar de sí mismo.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.
Quien escribe lo que le gusta a los demás puede ser un buen escritor pero nunca será un artista.
Se debe tener confianza en uno mismo y esa confianza debe estar basada en la realidad.