Fuerza sin maña, mucho rompe; y maña sin fuerza, poco tira.
Habla poquísimo de ti, poco de los otros, mucho de las cosas.
Hablar poco, pero mal, ya es mucho hablar.
Hay mucho que saber, y es poco el vivir, y no se vive si no se sabe.
Hay que estudiar mucho para saber poco.
Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.
La conclusión es que sabemos muy poco y sin embargo es asombroso lo mucho que conocemos. Y más asombroso todavía que un conocimiento tan pequeño pueda dar tanto poder.
La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.
La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.
La única revolución es intentar mejorar uno mismo esperando que los demás también lo hagan.
La vida sólo vale cuando se entrega poco a poco a los demás.
Lo malo es que las máximas se escriben para los demás y raramente para sí mismo.
Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más.
Lo poco que conozco del matrimonio procede de lo mucho que sé del divorcio.
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.
Los buscadores de oro cavan mucho y hallan poco.
Los que son sabios, poco hablan; y los que hablan mucho, son poco sabios.
Más vale poco con justicia, que mucho con derecho.
Nada induce al hombre a sospechar mucho como el saber poco.
No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea.
No es pobre el que tiene poco,sino aquel que teniendo mucho desea todavía tener más.
No hablaríamos tanto en sociedad si nos diéramos cuenta del poco caso que hacen los demás de lo que decimos.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.
Nunca mucho costó poco.