El necio es esclavo de sí mismo.
El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho.
El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.
El ojo recibe de la belleza pintada el mismo placer que de la belleza real.
El orgullo detesta el orgullo en los demás.
El panteísta es un ateo disfrazado de Dios mismo.
El papel de las mujeres en el progreso de la civilización es mucho mayor que el del hombre, por lo que debería desarrollar sus aptitudes de acuerdo con su naturaleza, sin imitar a los hombres.
El pecado se encuentra solamente en querer herir a otras personas innecesariamente. Todos los demás pecados son disparatados inventos. El auto maltrato no es un pecado... es simplemente estúpido.
El perdón, una de las pocas cosas que puedo dar a otros, sin tenerla para mi mismo.
El periódico es una tienda en que se venden al público las palabras del mismo color que las quiere.
Él piensa mucho: hombres así son peligrosos.
El poder y el despotismo duran poco.
El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.
El problema no es saber demasiado, el problema es que los demás sepan que tú sabes demasiado.
El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
El que abusa de un líquido no se mantiene mucho tiempo sólido.
El que cae desde una dicha bien cumplida, poco le importa cuán hondo sea el abismo.
El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
El que empieza a instruirse en la filosofía de todo se echa la culpa a sí mismo.
El que escribe mucho no yerra menos del que habla mucho.
El que hace un favor a quien lo merece, él mismo lo recibe.
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
El que mal vive, poco vive.