La perfección es obsesiva. Y eso es un defecto.
La razón no sirve para la existencia.
La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella.
La rosa tiene espinas, pero… ¿tiene pétalos el atún?.
La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados.
La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.
La virtud del virtuoso, la envidia el oso.
Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables.
Lástima que cuando uno empieza a aprender el oficio de vivir ya hay que morir.
Le expliqué que el mundo es una sinfonía, pero que Dios toca de oído.
Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida.
Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso.
Libro: 'Botella al mar', se ha dicho. Pero con un mensaje equívoco, que puede ser interpretado de tantas maneras que difícilmente el náufrago sea localizado.
Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil.
Lo he dicho en otras oportunidades y lo reafirmo: la búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación.
Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron "Bichi".
Mis aforismos son como los buenos vinos, mientras más pasa el tiempo, más caros.
Morir… ¡extraña costumbre!.
Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.
No hay completa belleza. El tigre es hermoso, pero su orín es pestilente.
No juzgar a los hombres por sus actos. Condenarlos.
Para el Sabio no existe la riqueza. Para el Virtuoso no existe el poder. Y para el Poderoso no existen ni el Sabio ni el Virtuoso.
Para ser humilde se necesita grandeza.
Pocos países en el mundo debe de haber en que el sentimiento de nostalgia sea tan reiterado: en los primeros españoles, porque añoraban su patria, lejana; luego en los indios, porque añoraban su libertad perdida y su propio sentido de la existencia; más tarde en los gauchos desplazados por la civilización gringa, exilados en su propia tierra, melancólicamente rememorando la edad de oro de su salvaje independencia; en los viejos patriarcas criollos, porque sentían que aquel hermoso tiempo de la generosidad y de la cortesía se convertía en el materialismo y mezquino territorio del arribismo y de la mentira.
Privar a un niño de su derecho a la educación es amputarlo de esa primera comunidad donde los pueblos van madurando sus utopías.