Cuanto más violento es el amor, más violento es el enfado.
El enfado es un mecanismo de defensa. Si estás a la defensiva es porque tienes miedo.
Nunca me enfado por lo que las señoras me piden, sino por lo que me niegan.
Si a una no se le permite expresar enfado, ni siquiera reconocerlo en el propio interior, una queda por simple extensión, privada tanto de la fuerza como del control.