Mientras más se hacen asequibles al ser humano los frutos del conocimiento más se distribuye el declive de las creencias religiosas.
Mis libros siempre están a mi disposición, nunca están ocupados.
Mis libros son el equivalente literario a un big mac con una gran ración de patatas fritas.
Nadie imagina cuánto ingenio se requiere para no parecer nunca ridículo.
Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia.
Ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo.
No basta tener buen ingenio; lo principal es aplicarlo bien.
No deja de ser humillante para una persona de ingenio, saber que no hay tonto que no le pueda enseñar algo.
No es posible vivir sin libros.
No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos.
No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.
No hay nada peor que una imagen brillante de un concepto borroso.
No hay ninguna razón para que a un mismo hombre le guste los mismos libros a los 18 que a los 48 años.
No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir.
No interesa el que leas muchos libros, mas interesa mucho el que sean buenos los que leas.
No puede existir bondad alguna donde no haya conocimiento de ella.
No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.
Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita.
Nunca escribo mi nombre en los libros que compro hasta después de haberlos leído, porque sólo entonces puedo llamarlos míos.
Nunca releo mis libros, porque me da miedo.
Para amasar una fortuna no se requiere ingenio, lo preciso es carecer de delicadeza.
Para hacer negocios no se requiere ingenio, basta con no tener delicadeza.
Para mejorar nuestro conocimiento debemos aprender menos y contemplar más.
Para surcar mejores aguas despliega ahora las velas la navecilla de mi ingenio, que deja tras de sí un mar tan cruel.
Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.