Es una ley inexorable en la vida de los sexos, la acción anafrodisíaca de la costumbre.
Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor.
Ese beso que a tiempo me pediste temblando esta noche en mis labios es granada en sazón.
Esta juventud entusiasta es bella. Tiene razón, pero aunque estuviera equivocada, la amaríamos.