El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.
El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera.
El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día.
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
El que nada duda, nada sabe.
El que nada sabe, de nada duda.
El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo.
El que no que no ve, no cree, y el que no sabe, trata a los demás de necios
El que no sabe es un imbécil. El que sabe y calla es un criminal.
El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.
El que no sabe por qué camino llegará al mar, debe buscar el río por compañero.
El que no sabe, es como el que no ve.
El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.
El que quiera tener razón y habla solo, de seguro logrará su objetivo.
El que sabe atar no usa cuerdas ni nudos, y, sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha unido.
El que sabe corresponder a un favor recibido es un amigo que no tiene precio.
El que sabe desdeñar su vida, sabrá siempre honrarla.
El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él.
El que sabe no habla, el que habla no sabe.
El que sabe ser pobre lo sabe todo.
El que sabe vencerse en la victoria es dos veces vencedor.
El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber.
El que tiene un porqué para vivir sabe soportar el cómo.
El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos hallados en la calle tienen siempre más cosas que decir que cuando vamos solos.
El que viva después de la muerte de su enemigo, aunque sólo fuese un día, ha alcanzado el fin deseado.