El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño.
El hombre que pretende obrar guiado sólo por la razón esta condenado a obrar muy raramente.
El hombre sólo puede ser esclavizado cuando es bastante débil para escuchar la razón.
El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderle y hablarle.