El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento.
El gobernante que pretende encauzar a su país hacia la democracia tiene que empezar por ser un verdadero demócrata, y demostrarlo tolerando la oposición, por más cruda que se ejerza en el mitin, en la prensa, en la diatriba personal.
El gusto por la adulación se debe, en la mayoría de los hombres, a la pobre opinión que tiene de sí mismos; con las mujeres ocurre al contrario.
El hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental.
El hombre es inteligente porque tiene manos.
El hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor es la libertad.
El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.
El hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que tiene.
El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo.
El hombre no tiene naturaleza, sólo tiene historia.
El hombre nunca mira al cielo porque siempre lo tiene a la vista.
El hombre prudente sólo piensa en sus dificultades cuando ello tiene algún objeto. Cuando no, piensa en otra cosa.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.
El hombre rico tiene aduladores, no amigos.
El hombre sincero tiene derecho al error.
El hombre tiene corazón, aunque no siga sus dictados.
El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse.
El hombre tiene el amor por ala, y el deseo por yugo.
El hombre tiene miedo a la pérdida del poder, le asustan las mujeres que saben lo que quieren y están seguras de si mismas.
El hombre tiene mil planes para sí mismo. El azar, sólo uno para cada uno.
El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Sino, ésta establecerá un fin para la humanidad.
El hombre, que juega perpetuamente entre los dos planos de la experiencia y la imaginación, querría profundizar en la vida ideal de la gente que conoce y conocer a las personas cuya vida ha tenido que imaginar.