Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.
Aquello que nos promete el paraíso en la tierra nunca produjo nada, sino un infierno.
Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca.
El dolor siempre cumple lo que promete.
El placer da lo que la sabiduría promete.
El que promete dudosa salud al afligido, se la niega.
El Ser humano que promete todo es seguro que no hará nada y cada uno que prometa demasiado se encuentra en peligro de utilizar medios diabólicos para llevar a cabo sus promesas y está ya en el camino de la perdición.
Lo que se promete en la tormenta, se olvida en la calma.
Padres no podemos tener más que una vez; se promete demasiado el que entra en la vida con la esperanza de hallar muchos amigos.
Quien promete con mucha ligereza se va arrepintiendo despacio.
Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada.
Trabajos nos dan quien grandezas nos promete.