Vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad.
Vuestra virtud es vuestro propio ser, y no nada ajeno a vosotros; es piel y disfraz.
Y a veces no puedo menos que preguntarme si un metro no sería la estatura ideal para el ser humano.
Y es que nada hay tan difícil como cerrar por amor la mano abierta y avergonzarse de su generosidad.
Y tantas mariposas distraídas han fallecido en tu mirada que las estrellas ya no alumbran nada.