Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos.
Que seria de tu felicidad, radiante astro, si no tuvieras aquellos para los que brillas.
Quien no tiene nada individual de qué envanecerse se envanece de haber nacido aquí o allí.
Quisiera tener un rizo de tu oscura cabellera, para gastarme los ojos en sólo mirar sus hebras.